Julio Borges: “La Cumbre cómplice”


Caracas, 21 de abril de 2021.- La cumbre iberoamericana es uno de los espacios de integración intercontinental por excelencia. Desde su creación en 1991, se ha convertido en un epicentro de diálogo y cooperación política entre naciones con valores y principios compartidos que se asienta en la democracia, el respeto a los derechos humanos y en las libertades fundamentales. De manera que se trata de una instancia que recoge a toda Iberoamérica, con el fin de trazar rutas para lograr desarrollo, bienestar y paz para los pueblos.

Enterarnos de una invitación al dictador Nicolás Maduro para que participe en este foro internacional tan trascendente nos ha tomado por asombro, pues se trata de un individuo que no compagina con los principios que unen a toda Iberoamérica y que hoy se encuentra juzgado por el mundo entero por ser responsable de graves violaciones a los DDHH, así como por tener vínculos con grupos criminales y narcoterroristas.

Como bien lo han determinado los informes de la Misión de Determinación de Hechos de la ONU y de la Alta Comisionada Michelle Bachelet, el régimen de Maduro ha llevado adelante prácticas aberrantes como desapariciones forzosas, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, torturas, limitación de la libertad de prensa y asociación, persecución a la sociedad civil y cierre del espacio democrático, que son consideradas en muchos casos como crímenes de lesa humanidad.

Estos señalamientos son tan incuestionables que hoy la Corte Penal Internacional adelanta un examen preliminar sobre la responsabilidad del régimen venezolano en estos delitos. Aunado a ello, la dictadura de Maduro ha sumido al país en la peor tragedia humanitaria, dejando como resultado más de 5 millones de refugiados venezolanos que hoy deambulan por el mundo en busca de las oportunidades que no encuentran en nuestra nación.

Por si fuera poco, el propio Nicolás Maduro ha sido acusado por una Corte de Estados Unidos de ser la cabeza de una organización criminal que mantiene vínculos con el narcotráfico, el lavado de dinero y el terrorismo internacional, razón por la que Estados Unidos ofrece una recompensa de 15 millones de dólares por información que lleve a su captura.

A esto habría que añadir, que Maduro es responsable del mayor ecocidio que ocurre en este hemisferio como es el caso del Arco Minero del Orinoco, su codicia y su falta de escrúpulos le hicieron entregar el territorio a mafias organizadas que asesinan a venezolanos y destruyen el ecosistema para ejercer el control de la explotación ilegal de minerales.

De manera que invitar al dictador Maduro no solo es una clara contradicción con los principios que enarbolan las democracias iberoamericanas, sino también es un insulto a tantos venezolanos que hemos sido víctimas de su régimen. Es una bofetada a la memoria de tantos mártires asesinados por la sangrienta maquinaria que dirige Maduro, así como un silencio cómplice ante el hambre y la miseria que campea a lo largo y ancho de nuestro país.

En fin, es darle la espalda al pueblo venezolano en medio de un sufrimiento de proporciones nunca antes visto.

Sufrimiento que se agudiza en este momento de pandemia, ya que Maduro se ha valido de este contexto sanitario para incrementar la represión y el control político, y también para mostrar su rostro criminal. Ha negado el acceso a las vacunas al personal de salud y a los venezolanos más vulnerables, utilizando las pocas dosis que han arribado a Venezuela para vacunarse él y su círculo de poder.

Nelson Mandela pronunció una frase que vale la pena traer a colación en esta circunstancia. "Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos".

De esta expresión subyace la necesidad de comprender la crisis venezolana como lo que es: un drama humano, que nos convoca a todos a abandonar agendas ideológicas y unir fuerzas contra una dictadura que se ha aliado con el crimen mundial para oprimir a un pueblo. No se puede actuar con indiferencia cuando en frente tenemos un adversario sin escrúpulos, Nicolás Maduro no merece ni tregua ni solidaridad de ningún factor que se diga defender la democracia y los Derechos Humanos.

Es por eso que esperamos que los líderes y jefes de Estado que asistan a esta cita en Andorra repudien la presencia del dictador Maduro y eleven su voz en nombre de los venezolanos.

La comunidad internacional no puede agotarse en la lucha por una Venezuela libre y democrática, pues la permanencia de Maduro en el poder significaría no solo una derrota para todas las democracias, sino también la consolidación de un Estado fallido en el corazón de América Latina, una amenaza que sin duda alguna pone en riesgo el futuro de la región. Nuestro llamado es a continuar la presión sobre la dictadura. En la puerta de la libertad esperan 30 millones de venezolanos, no los hagamos esperar más.

https://www.elmundo.es/internacional/2021/04/20/607e7fb2fdddff9e518b463a.html

Julio Borges es Comisionado Presidencial para las Relaciones Exteriores de Venezuela.

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